Esa semana había estado ausente, totalmente ausente, del mundo de la gente que me rodeaba, de mi; hacia lo que tenia que hacer, hacia lo que me pidieran sin replica solo para no tener que tratar o discutir por algo con alguien, y si alguien preguntaba, tenia que hacer el extraordinario esfuerzo de fingir para que no se me notara la depresión.
Ese día por la mañana temprano llego el chico que en ese entonces se encargaba de arreglar mi casa, adormilada fui a abrir la puerta, para luego recibir un buenos días y un mal intento de conversación. Evadiendo no muy sutilmente aquel muy mal intento de conversación regrese a mi cama, dormí; después de 4 horas me levante sabiendo que tenia que hacer cosas absurdas que solo le importarían a una ama de casa frustrada, pero comencé para poder terminar lo más rápido posible y poderme olvidar de la molestia que me causaba. 2 horas mas tarde termine y me plante frente a la computadora, preguntándome por que la había prendido y sin pensarlo mucho reproduje mi basta carpeta de música, después corrí hacia mi dotación de “placer diluido en dolor”, ya que había estado esperando terminar con mis obligaciones para poder ingerir sin ninguna preocupación lo mío, entonces procedí a iniciar con los menesteres tan esperados; y así comenzó una vez mas el opio que sin mas ni menos después de algunos suspiros mas se volcó a una dirección totalmente opuesta; las preguntas que normalmente me hacia, chillaban en mi cabeza con una intensidad doloroso para el oído y para las respuestas aun ausentes; preguntándome si esta vida vale la pena, si el dolor vale la pena, si le esfuerzo que cada quien hace cada día para conseguir algo que es improbable valía la pena, el despertar cada mañana, el ir a dormir cada noche, el hacer todas estas preguntas que no conducían a ningún lado valían la pena; entonces con la cabeza caótica y con las manos ansiosas corrí a buscar aquella navaja que premeditadamente había comprado algunos días antes, pero no la podía encontrar, ansiosa rebusque y rebusque, y para calmar el ansía suspire y suspire un poco mas pensé en ese momento que aquello me calmaría, metiendo ansiosamente la mano en cajones, cajitas, bolsillos, y en una pequeña bolsita de un pantalón me corto el dedo. Sacando impulsiva mente el dedo y volviendo lo a meter la encontré, entonces me dirigí a la habitación donde se encontraba la computadora y me senté en el suelo y dando el ultimo suspiro por ser demasiado cobarde ante el dolor deje caer con enojo y dolor el peso de la navaja sobre mi muñeca izquierda, no pude evitar el llanto y el dolor, comencé a sentirme adormilada y mareada, dejando caer mi cuerpo contra el piso y dejando correr la sangre, pensé en detenerla, pero no podía, no quería hacerlo!, por que no entendía la vida y para que estar vivo si no entiendes lo que haces a donde vas donde estas y por que estas allí, si lo que dicen los demás es lo que esta bien para ti o si lo que piensas tu es lo que esta bien si algo en este mundo era para mi, haciendo un esfuerzo para poder sentarme de nuevo note que había un charquito de sangra junto a mi mano; manchando aquel suspiro con sangre me deje caer nuevamente sobre el piso, y comencé a sentir frió, y de pronto ya no podía abrir mis ojos, me sentía tan cansada me sentía tan inútil, deseaba que todo terminara pronto. Y así como si nada me vino su recuerdo a la cabeza y con el la preocupación quería saber como estaba el si el estaría bien, no quería causarle dolor o confusión ira o rencor, entonces volví a mirar mi muñeca izquierda es charco era mas grande; a pesar de su recuerdo no podía detenerme no quería detenerme pero no podía dejar de pensar en como es que se sentiría en que yo no quería causarle ningún dolor,y fue allí cuando nuevamente cayeron mis parpados y pude dormir por un momento. Cuando desperté aquellos 45 minutos me parecieron muy largos y muy placenteros ya que era preciosa la idea de no volver a despertar, me levante con mucho esfuerzo y limpie mi charco de sangre con la sudadera que llevaba puesta, me desplace con cansancio pesadez y una tremenda tristeza a mi cama y dormí.
Me gusta pensar que lo que hizo que dejara de sangrar fue su recuerdo, no el que no hubiera cortado lo suficiente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario