domingo, 16 de junio de 2013

Estaba tan deprimida que mi sistema inmunologico tambien lo estaba; había pasado los últimos ocho meses de mi vida entre medicamentos y pañuelos, de resfriado en resfriado, no sabia por que, solo sabia que era demasiado molesto y costoso; todos los bolsillos de mis pantalones estaba llenos de pañuelos y de papel higiénico, mi mochila estaba repleta de antia-gripales, antibióticos, jarabe, vitamina c, paracetamol etc, aprecia una pequeña farmacia, y siempre tenia que traer conmigo una fea y estorbosa chamarra para que no empeorara mi salud, y una cuarta parte de mi quincena estaba dedicada para medicamentos.
Después de 7 meses y medio de ver a la misma doctora decidí cambiar de medico, creí que la doctora no estaba haciendo algo bien (debí de darme cuenta en el primer mes), Y estaba allí haciendo fila nuevamente, esperando entre embarazadas, ancianos, insoportables bebes que no paraban de llorar, y hasta la chica de la caja ya sabia mi nombre; cuando por fin llegó mi turno el medico hizo su rutina, pregunto mi nombre, mi edad, el motivo de mi vista, tomo mi peso, mi altura, mi presión, reviso mi corazón y mis pulmones,  hasta que hizo la pregunta mágica:
-¿Desde cuando llevas enferma?-
-Desde diciembre-
-¿Tanto tiempo?-
-Bueno, no exactamente, estoy "bien" una semana o dos y luego me vuelvo a enfermar-
-Lo que tiene ud. no es un resfriado-
 -¿Entonces?-
-Lo que tiene ud. es que esta deprimida -
El doctor sonrió, y comenzó a escribir sobre la receta, me dio algo para la tos, para el escurrimiento nasal, para el cuerpo cortado, y una buena dosis de realidad.
Después de esas mágicas palabras "Lo que tiene ud. es que esta deprimida" no he vuelto a visitar al medico.

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